Argentina, situada al borde del abismo en la Copa América, tiene vértigo. Desatado el pánico, atacan al que en realidad es su valor más seguro, Messi
Y entonces ustedes no recuerdan que el Camp Nou le pitara a Lionel nunca?”, pregunta casi con un punto de desesperación el colega argentino al otro lado del teléfono. “No, aquí a Leo se le idolatra”, es la respuesta lapidaria desde Barcelona. El mundo del fútbol vive con un punto de curiosidad la tortuosa relación que ha establecido una buena parte de la crítica y la hinchada argentinas con el mejor jugador del mundo, Leo Messi. La curiosidad se transforma en inquietud e incluso indignación desde la óptica del seguidor del Barça incapaz de comprender la dureza con la que se juzga a `La Pulga´, llegando en ocasiones al menosprecio.

Argentina se cuestiona el patriotismo de Messi por no cantar el himno; un chaval se lo encuentra a la puerta de un restaurante y le grita `pecho frío´(cobarde); tras un mal partido de la albiceleste, sentencian que Leo no tiene el carácter de Diego Maradona para `echarse el equipo a la espalda´; y sus compañeros le gritan `pendejo´ por no correr el último balón de la última jugada; incluso algunos le echaron en cara que marcara ¡y celebrara en exceso! el gol a Estudiantes de La Plata en la final del Mundial de Clubs de 2009.
En Barcelona bromean con que Leo, argentino hasta el tuétano, mantiene intacto su acento rosarino una década después de llegar a Catalunya. En la Liga, Quique Sánchez Flores se rinde a su espíritu de combate porque le roba un balón al `Kun´ Agüero tras una carrera de cincuenta metros; Josep Guardiola sonríe cuando `el diez´ lidera la presión defensiva del Barça en la punta del ataque; y sus compañeros le idolatran porque con sus goles, pone la guinda a un fútbol de ensueño y decide las finales de la Champions League de Roma o de Londres.
Los reiterados éxitos de Messi con el Barça provocaron y provocan sesudos análisis sobre el supuesto desarraigo de Leo, sin una afición ni un periodismo patrio que le defienda cuando cruza el charco atlántico. Una forma de justificar cómo minusvaloraron y minusvaloran algunos a un jugador único, doble FIFA Balón de Oro a los 24 años y ganador de casi todo. Porque, desgraciadamente, la Argentina actual no llega a nivel de selecciones a la excelencia que logra el Barça a nivel de clubs.
Quizás sea uno de los problemas, pero la realidad es terca: Messi es un talento natural, que pudo nacer en cualquier sitio pero para suerte de Argentina nació en Rosario y para fortuna barcelonista se pulió en La Masia. Su alma futbolística tiene puesto un pie en cada continente. Aparentemente, un sector del fútbol argentino es incapaz de entender e interpretar el fútbol ni los silencios del que debería ser un héroe nacional que ya ha sido bendecido por dos genios como Alfredo Di Stéfano y Diego Maradona.
Frank Rijkaard, Josep Guardiola supieron extraer lo mejor de un Leo dotado como nadie para entender el lenguaje del fútbol. No es fácil aprender y practicar el fútbol de asociación, de toque y de llegadas al espacio, de intercambio de posiciones que practica el Barça. Se precisa de un Xavi Hernández, de un Andrés Iniesta, de un Sergio Busquets...
Cuando el seleccionador Sergio Batista pasa revista a su nómina de centrocampistas, comprueba que apenas Javier Mascherano -también integrante del `Pep Team´ y un futbolista inteligente y solidario- le aguanta el tirón.
La afición, frustrada por los empates contra Bolivia (1-1) y Colombia (0-0) vive con terror las horas previas al decisivo Argentina-Costa Rica en el que se juegan el pase a los cuartos de final. Brasil rozó el ridículo frente a Paraguay, pero para Argentina, organizadora del evento, sería una auténtica hecatombe quedar eliminada en la primera ronda.
Leo se desespera porque su única obsesión es conseguir para su país todo lo que ha conseguido para el Barça. Su espíritu competitivo y su orgullo herido de número uno le ayudan a afrontar el encuentro de la madruga del martes (2.45 hora española) como lo que es, un todo o nada. Sabe que en esos noventa minutos los seguidores de Argentina dictaminarán si Messi es el nuevo héroe o el eterno villano de la albiceleste.
Nadie recuerda que el último éxito de la `Selección Mayor´ data de 1993, cuando conquistó su última Copa América; tampoco, los dos últimos fiascos en la competición sudamericana frente a Brasil (2004 y 2007). O que, el título más reciente, es la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.
Por cierto, con Messi como líder del equipo después de que el Barça le otorgara un permiso especial para que `La Pulga´ pudiera defender la camiseta de su país...